2 minutos al día bastan para aumentar la confianza y seguridad de nuestros jugadores

Publicado: 28 febrero, 2016 en Sin categoría
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Llevamos unos días en los que, por fin, parece que ha llegado el frío y, además, acompañado de viento y lluvia. Esto supone que muchos de los que nos dedicamos al deporte, y pasamos unas cuantas horas al día en la pista o en el campo, estemos todo el día encogidos intentando mantener algo de calor en nuestro cuerpo. En este caso, nuestra postura corporal tiene una clara explicación, el frío, pero ¿Cuántas veces nos encontramos con chic@s que cada vez que juegan se encogen, miran al suelo constantemente, tienen los hombros caídos, andan arrastrando los pies etc.? Como todos sabemos, esto poco tiene que ver con el frío o el calor, tenemos claro que refleja su estado de ánimo, o incluso, parte de su personalidad. Estoy seguro de que todos les hemos dicho alguna vez a nuestros jugadores que cambien su actitud corporal, pero ¿Sabemos realmente cómo influye en el rendimiento? ¿Tiene la suficiente importancia como para entrenarlo?

Como ahora veremos, parece que esto del lenguaje corporal puede ser muy importante, no solo para mejorar el rendimiento deportivo, sino también para la formación del propio carácter y la personalidad. Los gestos, la forma de caminar, el movimiento de los ojos, la postura etc. pueden ser un buen indicador de cómo le están yendo las cosas en ese partido o en esa competición a un deportista. De hecho, una de las razones por las que solemos pedir a nuestros deportistas que cambien su actitud corporal, es para que el rival no detecte en ellos síntomas de debilidad.

Aunque no siempre es así, y nos encontramos con jugadores que son capaces de controlarlo perfectamente, parece que en la mayoría de los casos es muy evidente la relación entre el resultado competitivo y el lenguaje corporal. Los investigadores Furley y Schweizer, de la Universidad de Colonia, llevaron a cabo un experimento en el que buscaban saber si tres grupos de espectadores (niños de 4 a 8 años, niños de 9 a 12 años y universitarios) sin experiencia en el deporte que estaban observando, eran capaces de detectar quién había quedado primero o último en una competición deportiva, basándose únicamente en las señales no verbales. Los resultaron indicaron que los niños de entre 4 y 12 años de edad fueron capaces de distinguir de forma bastante fiable quién iba ganando y quién iba perdiendo, y que los adultos obtuvieron puntuaciones ligeramente superiores a las de los niños. Parece claro que los deportistas pueden tener aún más recursos para percibir este tipo de comportamientos que personas sin experiencia deportiva, además, se ha demostrado que se muestran más confiados al observar gestos de sumisión o ansiedad en su contrario, por lo que, efectivamente, un lenguaje corporal negativo puede influir positivamente en el rendimiento del oponente.

expansivas

Esto que acabamos de ver ya es una razón de peso por la que sería importante trabajar el lenguaje corporal de nuestros deportistas, pero lo realmente importante no es como el lenguaje corporal puede afectar a los rivales, sino cómo puede afectar al propio jugador. Como ya hemos visto, es bastante claro que el estado de ánimo influye en los gestos, movimientos o comportamientos, pero ¿Y a la inversa? ¿Cómo puede influir el lenguaje corporal en el estado de ánimo?

Amy Cuddy, investigadora de la Universidad de Harvard, llevó a cabo un experimento que trataba de resolver esta misma pregunta. Cuddy indica que tanto humanos como animales expresamos poder a través de posturas “expansivas” (levantando los brazos, brazos en jarra, etc.) y mostramos debilidad a través de posturas de “encogimiento” (hombros caídos, brazos pegados al cuerpo etc.), y demuestra cómo esta relación se puede dar en sentido contrario, es decir, que la postura puede influir en la sensación de fortaleza y debilidad de una persona. En este experimento se seleccionó a dos grupos de personas, a un grupo se les pidió que adoptarán posiciones expansivas durante dos minutos, y al otro que se colocaran en posiciones de encogimiento durante el mismo tiempo. Posteriormente se les midieron los niveles de testosterona (hormona relacionada con la dominación) y cortisol (hormona relacionada con el estrés), se les invitó a participar en una apuesta y, finalmente, se les realizó una entrevista. Los resultados mostraron que las personas que habían adoptado posiciones expansivas habían aumentado sus niveles de testosterona y reducido los de cortisol, lo que se relaciona con un mayor sentimiento de poder, y se mostraron más predispuestos a realizar apuestas, es decir, aumentó su tolerancia al riesgo. Por el contrario los que se habían colocado en posturas de encogimiento, redujeron sus niveles de testosterona y aumentaron los de cortisol, es decir, aumentó su nivel de estrés y se redujo su tolerancia al riesgo. Además, las entrevistas fueron mostradas a profesionales relacionados con los recursos humanos, y todos ellos, sin saber a qué grupo pertenecían (posturas expansivas o encogimiento), indicaron que contrarían para su empresa a aquellos que habían estado en posturas expansivas porque mostraban una mayor confianza y seguridad en sí mismos. En vista de estos resultados, Cuddy indica que cualquier persona adoptando dos posturas expansivas durante un minuto cada una por día, puede cambiar su personalidad, convirtiéndose en una persona con mayor seguridad en sí misma y una mayor sensación de poder.

Las aplicaciones que tienen estos resultados en nuestro trabajo como entrenadores son interesantísimas. Por ejemplo, sería básico que nuestros jugadores se pusieran en posturas expansivas, a poder ser delante de un espejo, durante un par de minutos todos los días, pero especialmente antes de las competiciones. Además, en deportes como el tenis donde la mayoría del tiempo no está la bola en juego, sería de gran utilidad vigilar la postura, especialmente en descansos antes de juegos importantes, donde habría que sentarse buscando una buena posición de expasión. Este tipo de estrategia será especialmente importante para aquellos chic@s que se muestren inseguros o con baja autoestima, ya que no sólo les puede beneficiar en el rendimiento deportivo, sino en la mejora de su propio carácter e identidad en cualquier faceta de la vida.

Después de una victoria, es fácil comprobar como casi todos tendemos a adoptar posturas expansivas. Eso sí, cuidado con adoptarlas antes de tiempo…

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