El bueno, el feo y el malo

Publicado: 14 junio, 2015 en Sin categoría

¿Qué pensaríais si os dijera que simplemente con las expectativas que nos creemos sobre un niño podemos hacer que sea bueno, sea feo o sea malo? Hace ya unos cuantos años, en la década de los 60, dos investigadores llamados Rosenthal y Jacobson realizaron un experimento que trataba de responder precisamente a esto, como las expectativas del profesor podían influir en el rendimiento de los alumnos. En este experimento, se realizó un test de inteligencia a todos los alumnos de una escuela, asegurando a los profesores, que este test permitía identificar, de manera muy fiable, a aquellos alumnos que tendrían un mejor rendimiento académico. Una vez realizado el test, se les pasó a los profesores un listado con los nombres de los alumnos “especiales”, pidiéndoles que los niños no lo supieran, lo que no se les dijo es que realmente esos alumnos habían sido escogidos al azar, y no en base a los resultados del test de rendimiento académico. Al cabo de un año se les realizó un test sobre su desarrollo intelectual ¿Adivináis que pasó? Aquellos alumnos, en teoría “especiales”, pero que realmente habían sido escogidos al azar, habían mejorado mucho más que el resto de sus compañeros.  Esto fue bautizado por estos mismos autores como “Efecto Pigmalión”.

El “Efecto Pigmalión”, también conocido como la teoría de la Profecía autocumplida, nos viene a decir que las expectativas que depositemos sobre nuestros alumnos van a influir de una manera determinante sobre su rendimiento, así, a pesar de que los alumnos del experimento no eran “especiales”, el simple hecho de que sus profesores pensaran que sí lo eran, hizo que mejoraran mucho más que el resto de sus compañeros. Esas expectativas que se crearon los profesores, influyeron en el clima creado en torno a estos alumnos, en la cantidad de materiales que se les proporcionó, en las oportunidades que se les brindó para expresarse y en un mejor feedback. Todo esto, evidentemente, influyó en el comportamiento y los resultados de los alumnos, que a su vez, hizo que se cumplieran las expectativas iniciales de los profesores.

profecía

 

En psicología existe un concepto que está íntimamente relacionado con todo lo que estamos hablando, el autoconcepto, que no es más que la imagen que cada uno tenemos de nosotros mismos, no siendo algo innato ni estático, sino que se va formando en función de las valoraciones que recibimos de nuestros referentes. En nuestro caso, es evidente que somos un claro referente para nuestros alumnos, por lo que el trato que reciban por nuestra parte va a ser determinante para la formación de su autoconcepto. Si a un alumno no lo consideramos capaz, vamos a enviarle mensajes en esa dirección (aunque sea de forma inconsciente) influyendo en su autoconcepto y, muy probablemente, acabará siendo incapaz, y no porque no tenga capacidad o habilidades suficientes, sino porque ese es el mensaje que se le ha transmitido. En el mundo del deporte somos muy a dados a encasillar y poner etiquetas (y más los niños), ¿quién no tiene en su escuela al bueno, al feo y al malo (en nuestro argot tenístico podrían ser el crack, el empanao y el filete)?  Estas y otras etiquetas que, en muchos casos, tomamos como graciosas o simpáticas pueden producir efectos muy poco deseables en nuestros alumn@s, y como hemos estado viendo, luego no vale dárnoslas de entendidos y decir, ¿ves? desde pequeño a este ya se le veía que iba a ser un tal o un cual, porque es evidente que en la mayoría de los casos vamos a acertar.

Sabiendo esto, parece razonable pensar que crear buenas expectativas sobre nuestros alumnos, sea cual sea su nivel de destreza, va a repercutir positivamente en el rendimiento de éstos. Con esto no quiero decir que a partir de ahora tengamos que crearnos falsas expectativas y hacer creer a nuestros jugadores que van a ser Federer, pero sí tener en cuenta que la capacidad de aprendizaje de TODOS los niños (los buenos, los feos y los malos) es tremenda, y que independientemente de la habilidad innata que tengan, su margen de mejora es grandísimo, y por tanto nuestro deber como entrenadores es buscar las fórmulas para que cada uno de ellos pueda desarrollar todo su potencial.

Como decía Albert Einstein “El genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo”, así que vamos a confiar en nuestros alumn@s, vamos a transmitirles que trabajen incansablemente por aquello que quieren, ya sea dentro de una pista de tenis o en cualquier ámbito de la vida, y tendremos muchas probabilidades de que nuestras expectativas sobre ellos se cumplan en cuanto a rendimiento deportivo, pero sobre todo, en cuanto a su rendimiento personal.

A continuación os dejo un vídeo donde uno de los autores del experimento que he citado, habla sobre el Efecto Pigmalión

comentarios
  1. Buenas tardes, me parece un muy buen articulo que todos deben tomar en cuenta en cualquier ambito de la vida deportiva y cotidiana. Para los padres con sus hijos, para los entrenadores con sus alumnos, etc. Felicidades

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  2. antonio dice:

    Puede darse este efecto Pigmalión a la inversa? Es decir, como nos vea el alumno así será su aprendizaje?

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    • Rafa dice:

      Hola Antonio,

      Muchas gracias por tu pregunta.

      Entiendo que te refieres a si las expectativas que el alumno tenga sobre el profesor pueden influir en el aprendizaje del propio alumno. Aunque no estaríamos hablando del Efecto Pigmalión, sin duda, la percepción que tenga el alumno sobre el profesor va a ser determinante en el proceso de aprendizaje.

      Sobre esto también se hizo un experimento muy curioso. Se seleccionaron dos clases de distintas, cada una con alumnos diferentes, en las que un mismo profesor iba a dar una conferencia, a los alumnos de la clase 1 se les dijo que que el profesor que iba a dar la conferencia era un profesor que estaba empezando y que era una de sus primeras conferencias, mientras que a los alumnos de la clase 2 se les dijo que este profesor era una eminencia mundial. Tras escuchar exactamente la misma conferencia, se les pasó una encuesta a todos los alumnos sobre el nivel y el interés de la conferencia, curiosamente los alumnos de la clase 2 evaluaron muchísimo mejor la conferencia que los alumnos de la clase 1, que indicaban que era bastante mediocre.

      Creo que este experimento ilustra bastante bien como las expectativas que se crean en los alumnos pueden influir en el aprendizaje.

      Saludos.

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